sábado, 17 de abril de 2010

¡Madera, más madera!

Me voy a permitir una pequeña reflexión a propósito de un artículo sobre la necesidad de convocar Cortes Constituyentes, dado el caos generado por el vapuleo a la Constitución de 1978 y por  lo que parece un empobrecimiento progresivo de todos los españoles como consecuencia de la pérdida de competitividad derivada del Estado de las Autonomías, según explica D. José Barea, catedrático emérito de Hacienda Pública de la Universidad Autónoma de Madrid.

El problema, creo yo, reside en que a estas alturas, después de más de treinta años de desarrollo de un modelo de Estado que ha consolidado el poder local, deben de existir tantos intereses creados que los que se han visto favorecidos, que son muchos, quieren continuar con esta Fiesta y aspiran a controlar cada vez más y más aspectos de lo público, con lo que, si seguimos así, parece que estamos abocados  a la desaparición del Estado español, o a que quede como algo residual, simbólico y sin ninguna capacidad operativa.

No nos engañemos: hay mucho estómago agradecido y cuantas más instituciones públicas existan, cuanto más complejo sea el aparato del Estado, hay más gente que vive de ellas. Pero todo esto es muy costoso, sobre todo en épocas de crisis.

Por otro lado, si lo que se pretendía con las Autonomías era descentralizar un aparato del Estado pesado y burocratizado, la realidad es que hoy la burocracia se ha multiplicado hasta extremos insospechados. La burocracia y la descoordinación. Además los gobiernos autonómicos han controlado muy eficazmente quiénes entran en cada una de las instituciones creadas, han conseguido que prevalezcan los afines a su ideología política, y eso ha contribuido a que perduren y perduren en el gobierno los mismos partidos, una y otra vez, lo que nos hace cuestionar si está funcionando plenamente la democracia en los Gobiernos Autonómicos


El invento, que surgió en un momento en el que era necesario el "consenso", como se decía entonces, a fin de realizar un paso sosegado de un modelo de Estado a otro, ha resultado, a mi juicio, altamente ineficaz e injusto, si lo miramos desde el punto de vista de los intereses generales de todos los ciudadanos. Entonces se hizo algo así como "café para todos", intentando complacer las pretensiones autonómicas sobre todo de vascos y catalanes, en un bosque común autonómico, llegándose a construir verdaderos disparates en las divisiones territoriales, dejando algunas autonomías como si fueran colgajos o restos que quedaban sin saber dónde colocar.

Pero han pasado los años. Se ha ido incrementando el nivel de transferencias y de gestión autónoma y no se han resulto para nada las demandas de las dos Comunidades en las que al menos una parte de su población no se siente española, una parte que quizá no era mayoritaria en su momento, pero que ha adquirido mucho poder al haber detentado la dirección de las instituciones autonómicas durante muchos años. Incluso partidos que en absoluto eran autonomistas tuvieron que revestirse e irse convirtiendo incluso en defensores del nacionalismo y hasta de la independencia para ganar las elecciones, puesto que los sectores más dinámicos de la población ya estaban demandando ese estado de cosas.

¿Y en el resto de España? Se ha ido construyendo un sentimiento similar y muchos son los que están convencidos de que están mejor gobernados si gobiernan los "de cerca". El sentimiento de pertenencia a un grupo es algo muy sencillo de manejar ideológicamente: la gente se siente "de su pueblo" y tienden a defender una supuesta "identidad colectiva" olvidándose de lo que esto les perjudica. Particularmente estas cosas son más absurdas en las comunidades "pobres" donde se ve afectada la Sanidad, la Educación y todos los servicios públicos. Pero parecen no darse cuenta.

Así que los creadores del pensamiento dominante han conseguido el objetivo: el estar a favor de un estado central se asocia, más o menos inconscientemente, con ser políticamente reaccionario, con lo que vulgarmente se llama ser "facha", o sea, partidario del fascismo y del totalitarismo. Es anatema declararse en público en contra de las Autonomías y, sin embargo, existe mucha gente, de derechas y de izquierdas, que hoy estarían a favor de un Estado centralizado, moderno, operativo, que garantizara los derechos de todos los ciudadanos, que nos hiciera verdaderamente iguales ante la ley, y que nos proporcionara competitividad económica y fuerza política en el escenario internacional.

Pero, por todo lo que he ido diciendo, yo también creo que es muy difícil cambiar el modelo autonómico y conducirlo hacia un Estado centralizado, menos burocratizado, menos costoso y promotor de una economía mucho más competitiva. No creo que hoy por hoy sea posible cambiar la actual Constitución, al menos en este sentido. Ningún partido político de cierta entidad propone en su ideario acabar con las Autonomías y volver a una gestión centralizada. No solo no lo hacen los partidos nacionalistas, lo que sería lógico; tampoco parecen tener ningún interés en ello los dos grandes partidos, que dependen en buena medida de los éxitos de sus barones, los cuales son los que vienen a decidir e incluso a imponerse al propio mandatario estatal. Seguramente esto se debe a que la fractura ha llegado a las estructura interna de los grandes partidos nacionales, pues allí donde ha gobernado un partido durante muchos años ha adquirido grandes privilegios y control sobre el entorno, y el partido entero depende de esos "señores feudales" para ganar las elecciones generales. No es extraño oír como el mismo partido defiende posiciones radicalmente opuestas dependiendo de la comunidad autónoma de la que se trate (el mejor ejemplo lo tenemos en el asunto del Trasvase del Ebro).

Ciertamente en España ha existido una tensión histórica entre centralismo-cantonalismo (o como queramos llamarlo), una tensión que no se ha resuelto nunca, pero que ha sido aprovechada para defender los intereses de los que han tenido el poder económico, en uno u otro lado. Tradicionalmente la oposición ha sido a grandes rasgos: burguesía comercial/nacionalismo, frente a latifundismo/centralismo.

El sentimiento nacionalista surge en el XIX como consecuencia del auge de una burguesía que quiere apoderarse del poder político detentado por los grandes propietarios de tierras, conservadores y centralistas, que les impiden su desarrollo en el marco de la competitividad con leyes ya obsoletas. Pero nunca la izquierda ha sido nacionalista ni autonomista. Se supone que la izquierda defiende los derechos de los desfavorecidos (esto es lo que se supone, claro) y a estos les debería interesar más un Estado poderoso que les protegiera. Solo un poco antes de la transición desde el estado franquista a un estado democrático y de derecho, los grupos de izquierda, absolutamente minoritarios en este país por entonces, empezaron a convertirse al nacionalismo y empezó a identificarse, paradójicamente, progresismo con nacionalismo. Supongo que se debería a una comunidad de intereses entre los sectores que se oponían al Régimen de Franco. Pero es una unión contra natura.

Hay que pensar que estamos en el siglo XXI, con un creciente cambio de relaciones internacionales y en una economía cada vez más globalizada. No podemos seguir pensando con miopía. Por eso la gente de la calle, la sensata, la que no se cree esa división arcaica de los ciudadanos en izquierdas y derechas, cada vez está más harta del modelo Autonomista, un modelo que ni ha resuelto las tensiones nacionalistas de las comunidades que históricamente han reclamado la independencia, ni ha servido para modernizar al Estado, sino para crear un enorme gasto, para aumentar las desigualdades y para impedir que el desarrollo económico se consolide en un país que arrastra todavía un lastre importante en infraestructuras y que se hace menos competitivo frente al exterior. Y si en algún sitio hay tanta demanda real de independencia como para que sea una exigencia democrática, pues igual habría que planteárselo. Pero siempre que se tratara de una demanda libre, mayoritaria, no secuestrada por el ejercicio de la fuerza.

Por eso yo creo que en realidad esto no es cosa de izquierdas o derechas. El mundo se hace cada vez más grande y hay que adaptarse con flexibilidad. Me temo que, una vez más, a España le va a coger con el paso cambiado.

4 comentarios:

Turulato dijo...

Entiendo por que nos llevamos bien. No solo por las ideas; por la necesidad de pensar. Y por basar la opinión en el análisis y en el estudio. Aunque usted es la intelectual y yo el apasionado.

Silvia dijo...

Muy interesante. ¿Me permites enlazarlo en el Caralibro?
Es que cuando algo es bueno, soy de la idea de que hay que compartirlo.

Kalia dijo...

¡Claro que me parece muy bien que lo enlaces! Que al fin y al cabo cuando escribimos algo es para que alguien lo lea.

Anónimo dijo...

Kalía eres la voz de mis pensamientos (no todos ,claro ) que bien los expresas !!MER.