Una buena idea lo de formular con precisión un Programa Electoral. Ya ni los partidos políticos lo exponen con claridad y buena parte de los electores votan sin ni siquiera saber lo que prometen los políticos. Unas ideas vagas, un "sentirse" que se pertenece a estos o a aquellos es suficiente.
Estaría de acuerdo con muchas cosas, matizaría otras y probablemente disentiría en alguna más. Pero lo importante es tu manifiesta posición activa frente a algo que nos afecta tanto, algo de lo que no podemos pasar, pues de ello dependen cosas fundamentales de nuestra vida, como la educación de nuestros hijos y con ella el futuro de todos, los recursos sanitarios con los que podemos contar cuando estamos enfermos o las pensiones que puedan permitirnos una vejez digna. Por eso tu exposición programática me ha invitado a pensar que es una buena idea, que sería muy interesante que cada ciudadano se tomara la molestia de precisar y hasta de difundir su propio "programa electoral", de confrontarlo con el de su vecino. Sería un buen ejercicio democrático.
Pero para ello habría que tener mucha más preparación en todo lo que concierne a la "cosa pública" que la que tenemos los votantes españoles, herederos al fin y al cabo de un modelo paternalista y dictatorial, que a pesar del tiempo transcurrido hace que nos sintamos alejados de las decisiones comunes. Tendemos a pensar que los que mandan ya sabrán. En realidad nos implicamos poco, es decir, no ejercemos la democracia que tanto decíamos ansiar. La mayoría de los españoles protestamos, manifestamos nuestra desconfianza respecto a los políticos, de quienes solemos presumir que son corruptos y que están solo para chupar del bote y, como mucho, cuando estamos desilusionados proclamamos que no vamos a votar. Pero la verdad es que la mayor parte de nosotros no sabríamos ni como empezar si tuviéramos que asumir de verdad la tarea de gobernar u organizar algo de la vida de la colectividad. O sea, que carecemos de formación democrática.
Por eso, será por eso que desconfío del cuarto poder, del poder de la prensa, que habla de todo sin saber de nada, y que solo sirve para propalar noticias en función de los intereses del partido al que pretenden servir, falseando la verdad, engañando, manipulando, en realidad hurtando al pueblo soberano su capacidad y su deber de decidir. Aparatos de propaganda, más que impulsores de una crítica constructiva o promotores de una formación política ciudadana, los media no ofrecen demasiada credibilidad.
Hay que evitar a toda consta el poder de todo tipo de lobbys, pues son esencialmente contrarios a la democracia. Pero lamentablemente en esta España nuestra hay demasiados "grupos de poder", que defienden sus propios privilegios, muchas veces con fondos provenientes del erario público, desde sindicatos que actúan como "correas de transmisión" al servicio de grupos políticos, hasta formaciones religiosas que quieren intervenir activamente en asuntos de gobierno, o esos "formadores de opinión" que desde los medios de comunicación repiten consignas encaminadas en última instancia a conseguir votos.
Porque en realidad la principal actuación que cada ciudadano realiza en esto que llamamos Democracia, por no decir que casi la única, es el ejercicio del voto. Y por conseguir ese voto, por la suma de nuestros votos, se rigen buena parte de las actuaciones de los políticos profesionales. No importa lo que es mejor para todos, no es pertinente lo que pueda ocurrir a largo plazo; solo es preceptivo conseguir el mayor número de votos. No parece que eso sea precisamente un servicio a la colectividad. Más bien da la impresión de que lo único importante fuera conseguir el poder y perpetuarse en él; y en aras de este fin está permitida todo tipo de demagogia. De unos y otros.
Por eso, será por eso que desconfío del cuarto poder, del poder de la prensa, que habla de todo sin saber de nada, y que solo sirve para propalar noticias en función de los intereses del partido al que pretenden servir, falseando la verdad, engañando, manipulando, en realidad hurtando al pueblo soberano su capacidad y su deber de decidir. Aparatos de propaganda, más que impulsores de una crítica constructiva o promotores de una formación política ciudadana, los media no ofrecen demasiada credibilidad.
Hay que evitar a toda consta el poder de todo tipo de lobbys, pues son esencialmente contrarios a la democracia. Pero lamentablemente en esta España nuestra hay demasiados "grupos de poder", que defienden sus propios privilegios, muchas veces con fondos provenientes del erario público, desde sindicatos que actúan como "correas de transmisión" al servicio de grupos políticos, hasta formaciones religiosas que quieren intervenir activamente en asuntos de gobierno, o esos "formadores de opinión" que desde los medios de comunicación repiten consignas encaminadas en última instancia a conseguir votos.
Porque en realidad la principal actuación que cada ciudadano realiza en esto que llamamos Democracia, por no decir que casi la única, es el ejercicio del voto. Y por conseguir ese voto, por la suma de nuestros votos, se rigen buena parte de las actuaciones de los políticos profesionales. No importa lo que es mejor para todos, no es pertinente lo que pueda ocurrir a largo plazo; solo es preceptivo conseguir el mayor número de votos. No parece que eso sea precisamente un servicio a la colectividad. Más bien da la impresión de que lo único importante fuera conseguir el poder y perpetuarse en él; y en aras de este fin está permitida todo tipo de demagogia. De unos y otros.
El "poder del pueblo", que es la esencia de la Democracia, debe residir en el derecho de cada uno de los ciudadanos a ser representado por las personas más adecuadas -con el procedimiento electoral que mejor refleje las peculiaridades de cada grupo social- y a ejercer su control a través de las Instituciones establecidas para ello, un control preciso y bien regulado que debe organizarse mediante los Tres Poderes netamente diferenciados.
Últimamente existe un sentimiento colectivo de crisis que parece ir incrementándose. Hemos perdido aquella ilusión democrática colectiva que se generó con el fin de la Dictadura. Hay una gran crisis en la sociedad española, una crisis que va más allá de la económica. Seguramente es momento de replantearnos muchos asuntos que regulan nuestra convivencia. Educación, Justicia, Administración Territorial, Seguridad, todas estas áreas requieren amplias reformas, muchas de las cuales vienen a ser reclamadas por la mayor parte de los ciudadanos, sin distinción de "ideologías". Pero dudo mucho de que ninguno de los partidos con opciones a gobernar esté dispuesto a emprenderlas. Puede la inercia y el temor a perder votos.
Creo que sería necesario un cambio radical. Pero quizá ese cambio debería empezar por la mentalidad de los españoles, por empezar a sentir que el Estado lo formamos todos y que sirve para gestionar nuestra convivencia y que será tanto más capaz de protegernos cuanto más poderoso sea. Es decir, cuanto más poderoso y mejor gestionado lo construyamos y lo mantengamos. Creo que sería necesario ponernos de acuerdo todos en muchas cuestiones fundamentales y dejar de utilizarlas con fines partidistas. Por ejemplo, la Política Exterior o la Educación, que requerirían Pactos de Estado capaces de garantizar una actuación a largo plazo.
Creo que sería necesario un cambio radical. Pero quizá ese cambio debería empezar por la mentalidad de los españoles, por empezar a sentir que el Estado lo formamos todos y que sirve para gestionar nuestra convivencia y que será tanto más capaz de protegernos cuanto más poderoso sea. Es decir, cuanto más poderoso y mejor gestionado lo construyamos y lo mantengamos. Creo que sería necesario ponernos de acuerdo todos en muchas cuestiones fundamentales y dejar de utilizarlas con fines partidistas. Por ejemplo, la Política Exterior o la Educación, que requerirían Pactos de Estado capaces de garantizar una actuación a largo plazo.
No es tiempo para "ideologías", es tiempo para la dirección técnica del país. A mi entender, las "ideologías" son propias del siglo XIX y XX y han quedado ya vacíadas de contenido y solo sirven para ser enarboladas con el objetivo de ganar votos, acudiendo al sentimentalismo colectivo que carece de lógica y de argumentos. Es tiempo para que técnicos especializados en cada campo asuman funciones de dirección política. Yo, al menos, lo tengo claro: quiero que me gobiernen personas cualificadas, no cantamañanas que promulgan leyes a golpe de ideología y carentes de sensatez. En realidad no hay profundas escisiones entre los fundamentos ideológicos de los partidos mayoritarios y, sin embargo, parecen enemigos irreconciliables. Populares y socialistas, igual que los partidos nacionalistas, están ahí con permiso de los poderosos y no van a defraudarlos (¡hasta algún banquero recientemente, presa de los nervios, ha intervenido diciendo lo que convenía hacer con la convocatoria de elecciones!). Lo que debe hacer siempre un Gobierno es gobernar para todos, para la gran variedad de personas que vivimos en el país, con sus distintas circunstancias personales, con sus gustos y preferencias, con sus creencias, de modo que se prime la convivencia sobre la imposición. El Estado debe ser poderoso y debe tener el monopolio del poder. Y ese poder debe ejercerse, con todos los medios, para proteger a los más débiles, para educar a todos, para proporcionar servicios básicos comunes acordes con el mundo en el que vivimos, para favorecer la convivencia. Y para todo esto no hace falta proclamar ideologías; solo sentido común. Y personas expertas en cada área.
Cada uno, incluso los más preparados, conocemos como mucho algo de nuestro campo de actividad profesional, pero patinamos cuando se trata de otros. Por eso nunca he comprendido cómo alguien pueda ser Ministro de Sanidad sin tener ni idea de Medicina, por ejemplo. Eso no puede funcionar. Digo a veces en broma que habría que pasar por unas oposiciones para ser gobernante. Es broma, pero no vendría mal que cada uno de los Ministros o de los Secretarios o Subsecretarios de Estado aportara un currículum amplio en el área que vaya a dirigir. Esto es solo sentido común. A la vez, creo que no es conveniente la existencia de políticos profesionales, de personas que hagan de la política su modus vivendi. Solo ciudadanos que en un momento de su vida ocupen cargos de gestión en las áreas que conocen y que luego vuelvan a sus ocupaciones originales. Incluso debería de ser una obligación ciudadana, algo así como lo que ocurre cuando toca ser Presidente en la Comunidad de Propietarios, o cuando hay que formar parte de las Mesas Electorales o de un Jurado.
No voy a extenderme más, que esto empieza a parecer un Manifiesto, cuando en realidad son solo unos apuntes, así, a bote pronto, unos apuntes que surgen al hilo de tu artículo. Es de agradecer, por cierto, tu claridad y tu contundencia, que pocos hay que se mojen hasta los pelos de la cabeza y a la vez intenten conservar un espíritu independiente.
